Antonio
Martín Alén, es el presidente de la Junta Pro Semana Santa que es la que lleva
y dirige el museo. Antonio nació en Zamora en el seno de una familia ligada a
la Cofradía del Cristo de Valderrey.
Su abuelo y su padre fueron
"mantenedores" de la hermandad cuando estuvo a punto de desaparecer y
Antonio ha tomado el testigo. Profesional de la construcción y pintor es
presidente de la Junta desde el año 2012, por lo que este año se celebrarán
nuevas elecciones para elegir a un nuevo candidato ya que termina su mandato.
Presidente también de la cofradía Capas Pardas y hermano fundador del Espíritu
Santo.
La Semana Santa de Zamora,
además de su contenido religioso y místico, de la calidad artística y
monumental de sus tallas, de sus imágenes, de su valor cultural y de su fuerza
como tradición popular, es también una de las más poderosas señas de los zamoranos.
Durante muchos años se venía sintiendo una gran preocupación por la Junta Pro
Semana Santa de Zamora de tener un amplio espacio para poder colocar dignamente
los grupos escultóricos de las procesiones de Semana Santa ya que las cofradías
disponían de unos locales inadecuados, con frecuentes goteras y riesgo de
incendios, así como de derrumbamientos. Por ello surgió la ineludible necesidad
de construir un museo destinado a la conservación y exhibición de las obras. Es
una iniciativa de zamoranos, ideado y creado por zamoranos, apoyado por
instituciones zamoranas, y conservado por la Junta Pro Semana Santa; un museo
que exhibe imágenes, tallas, pasos, mesas y objetos propios de la Semana Santa
zamorana.
Hace poco escribí una entrada sobre Madrid, sus calles, sus barrios y sus zonas que encandilan a cualquiera, pero hoy me tomo la molestia de hacerle un hueco en el blog a Zamora, esa pequeña ciudad que muchos no conocerán ni situarán, pero que a parte de todas y cada una de sus calles destaca por una de sus fiestas, por su Semana Santa:
Zamora, ciudad castellano
leonesa, situada al noroeste de España da comienzo a su peculiar y conocida
Semana Santa.
Con sus calles recogidas, angostas y
tortuosas, de viejo y humilde caserío, salpicada aquí y allá de iglesias y
conventos, cercada aún por viejas y gruesas murallas y por un caudaloso río, el
Duero. Todo ello son características que condicionan su Semana Santa, y hoy difícilmente
se podría entender sus procesiones sino las contemplásemos en esos lugares que
su tradición ha señalado como emblemáticos de su recorrido y que en Zamora son
la Plaza Mayor, las calles Santa Clara o la Rúa, la Catedral o el Puente de
Piedra, entre otros. Es por todos esos lugares por los que se puede disfrutar
de sus austeras y coloridas procesiones.
Es también la fisonomía de esta
vieja ciudad de la meseta la que encaja en perfectas condiciones con el modelo
de Semana Santa que en Zamora se ajusta a este estereotipo: sencillez,
austeridad… adjetivos que encajan con la forma de ser y de expresar su
religiosidad los zamoranos, que se asemeja al paisaje y clima extremo.
Sus procesiones son sencillas y
sobrias, con túnicas pobres, de percal o estameña, sandalias franciscanas o
zapatos, cera o una sencilla cruz, con pasos, coronas o mantos decorados con
algún detalle en oro o plata, peinetas, mantillas, color negro que se apodera
de la ocasión o sencillas medallas acordes con el color de la congregación.
Esos son los rudimentos esenciales, junto con el silencio y las marchas
procesionales, que hacen más llevadera la penitente carga de los pasos a
hombros.
Con procesiones peculiares
durante toda la semana los zamoranos y zamoranas salen a las calles con sus
peculiares vestimentas, así, el jueves santo, mujeres y hombres se reúnen a las
9 de la mañana para dar lugar a la procesión que durará hasta bien entrado el
al mediodía. Con sus abrigos y medias negras, peinetas y mantillas moviéndose
con el viento, sus guantes finos blancos, zapatos de tacón o no, tulipas con
velas encendidas y medalla color verde esperanza, mujeres de todas las edades
caminan en filas y cruzan el conocido Puente de Piedra sujetándose la mantilla
mientras tras ellas el resto de cofrades con sus túnicas blancas y verdes con
bordados marcan el paso con su banda de cornetas y tambores y sus varas.
Es así, como la mañana del Jueves
Santo Zamora y su Semana Santa,
considerada de interés turístico, se tiñe de verde color Esperanza.
Antonio
Martín Alén, es el presidente de la Junta Pro Semana Santa que es la que lleva
y dirige el museo. Antonio nació en Zamora en el seno de una familia ligada a
la Cofradía del Cristo de Valderrey.
Su abuelo y su padre fueron
"mantenedores" de la hermandad cuando estuvo a punto de desaparecer y
Antonio ha tomado el testigo. Profesional de la construcción y pintor es
presidente de la Junta desde el año 2012, por lo que este año se celebrarán
nuevas elecciones para elegir a un nuevo candidato ya que termina su mandato.
Presidente también de la cofradía Capas Pardas y hermano fundador del Espíritu
Santo.
La Semana Santa de Zamora,
además de su contenido religioso y místico, de la calidad artística y
monumental de sus tallas, de sus imágenes, de su valor cultural y de su fuerza
como tradición popular, es también una de las más poderosas señas de los zamoranos.
Durante muchos años se venía sintiendo una gran preocupación por la Junta Pro
Semana Santa de Zamora de tener un amplio espacio para poder colocar dignamente
los grupos escultóricos de las procesiones de Semana Santa ya que las cofradías
disponían de unos locales inadecuados, con frecuentes goteras y riesgo de
incendios, así como de derrumbamientos. Por ello surgió la ineludible necesidad
de construir un museo destinado a la conservación y exhibición de las obras. Es
una iniciativa de zamoranos, ideado y creado por zamoranos, apoyado por
instituciones zamoranas, y conservado por la Junta Pro Semana Santa; un museo
que exhibe imágenes, tallas, pasos, mesas y objetos propios de la Semana Santa
zamorana.
Hace poco escribí una entrada sobre Madrid, sus calles, sus barrios y sus zonas que encandilan a cualquiera, pero hoy me tomo la molestia de hacerle un hueco en el blog a Zamora, esa pequeña ciudad que muchos no conocerán ni situarán, pero que a parte de todas y cada una de sus calles destaca por una de sus fiestas, por su Semana Santa:
Zamora, ciudad castellano
leonesa, situada al noroeste de España da comienzo a su peculiar y conocida
Semana Santa.
Con sus calles recogidas, angostas y
tortuosas, de viejo y humilde caserío, salpicada aquí y allá de iglesias y
conventos, cercada aún por viejas y gruesas murallas y por un caudaloso río, el
Duero. Todo ello son características que condicionan su Semana Santa, y hoy difícilmente
se podría entender sus procesiones sino las contemplásemos en esos lugares que
su tradición ha señalado como emblemáticos de su recorrido y que en Zamora son
la Plaza Mayor, las calles Santa Clara o la Rúa, la Catedral o el Puente de
Piedra, entre otros. Es por todos esos lugares por los que se puede disfrutar
de sus austeras y coloridas procesiones.
Es también la fisonomía de esta
vieja ciudad de la meseta la que encaja en perfectas condiciones con el modelo
de Semana Santa que en Zamora se ajusta a este estereotipo: sencillez,
austeridad… adjetivos que encajan con la forma de ser y de expresar su
religiosidad los zamoranos, que se asemeja al paisaje y clima extremo.
Sus procesiones son sencillas y
sobrias, con túnicas pobres, de percal o estameña, sandalias franciscanas o
zapatos, cera o una sencilla cruz, con pasos, coronas o mantos decorados con
algún detalle en oro o plata, peinetas, mantillas, color negro que se apodera
de la ocasión o sencillas medallas acordes con el color de la congregación.
Esos son los rudimentos esenciales, junto con el silencio y las marchas
procesionales, que hacen más llevadera la penitente carga de los pasos a
hombros.
Con procesiones peculiares
durante toda la semana los zamoranos y zamoranas salen a las calles con sus
peculiares vestimentas, así, el jueves santo, mujeres y hombres se reúnen a las
9 de la mañana para dar lugar a la procesión que durará hasta bien entrado el
al mediodía. Con sus abrigos y medias negras, peinetas y mantillas moviéndose
con el viento, sus guantes finos blancos, zapatos de tacón o no, tulipas con
velas encendidas y medalla color verde esperanza, mujeres de todas las edades
caminan en filas y cruzan el conocido Puente de Piedra sujetándose la mantilla
mientras tras ellas el resto de cofrades con sus túnicas blancas y verdes con
bordados marcan el paso con su banda de cornetas y tambores y sus varas.
Es así, como la mañana del Jueves
Santo Zamora y su Semana Santa,
considerada de interés turístico, se tiñe de verde color Esperanza.